
Conversatorio virtual sobre el Decreto No. 45495-S
03/25/2026Nací en Naranjo de Alajuela, fui la número 3 de los 6 hijos de mis padres, Rodrigo y Esmeralda. Mis padres no fueron académicos, no terminaron la primaria. Mi madre costurera y mi padre campesino, le encantaba la agricultura pero trabajó en varios oficios sin necesidad de previo aprendizaje. Siempre lo recuerdo haciendo algún trabajo y resolviendo sobre temas que aunque no conocía, resolvía y así aprendí yo.
Fui la segunda de 4 hijas. Aunque el trabajo de ellos no les permitía dedicarnos mucho tiempo, aprendí de los 2 observando de cerca sus quehaceres. Así aprendí a coser a los 8 años y ya a los 9 empecé a dar clases de matemáticas a las compañeras de clases, en horas no lectivas, por la facilidad que se me daba esa materia. Así logré independizarme muy temprano en el tema económico y de toma de decisiones propias. Tuve muchos problemas de salud por asma muy persistente que me impedía hasta asistir a clases. Siempre obtuve el primer promedio y así logré tener una beca para entrar al Colegio María Inmaculada de Naranjo. Terminada la secundaria me vine a San José. Mi primera visita a la capital fue precisamente para un recibimiento del rector a los estudiantes de mejores promedios. Conseguí hospedaje ese mismo día en Guadalupe, cerca del Guadalupano, que aunque lo que me costaría incluida la alimentación no podía cubrirla con la beca por rendimiento académico y venir de un pueblo, yo sabía que podía resolver. Había ahorrado dinero producto de las lecciones de matemáticas, costura y el trabajo en una tienda los fines de semana. Así que había resuelto la más preocupante en ese momento tan determinante en mi vida. Así inicié mi vida universitaria, Empecé matriculándome en la carrera de profesorado en matemática, con los cursos de “Generales” y otros básicos para varias carreras, pero tan pronto escuché sobre la carrera de ingeniería química no lo pensé dos veces. No me preocupé del futuro que podría tener, posibilidad de trabajo, dinero que obtendría, nada más pensaba en esa gran oportunidad de estudio en las materias que tanto me atraían. Durante la carrera no tuve nunca una calculadora personal y no había computadoras. Sólo una regla de cálculo y al final llegó “Matilde” la primera computadora. Había que perforar tarjetas según el diseño que hacíamos para obtener un resultado de algún proceso que diseñábamos nosotros mismos. Era emocionante cuando nos otorgaban la oportunidad de hacerlo y obtener el resultado de nuestra consulta. Para entonces, en los inicios de esa carrera, el programa era bastante fuerte, aparte de todas los cursos de matemáticas, física y química, había bastantes otras materias propias de otras ingenierías, administración de empresas, estadística. Y para graduarse había que hacer algún proyecto completamente diferente a lo que ya se había hecho con anterioridad. Escogí, junto con la recomendación del director de carrera, el proyecto de elaboración de alcohol a partir de banano verde que demandaba hacer muchas pruebas a nivel de laboratorio y obtener buenos resultados.
2 años después de haber ingresado a la UCR mis padres se trasladaron a San José para que mis hermanas pudieran estudiar también. Renuncié a la beca porque consideré que otros estudiantes proveniente de pueblos la necesitarían y me trasladé a la nueva casa que mis padres habían alquilado. Pero soportar la presión en el hogar paterno, órdenes y exigencias no era precisamente lo que tenía en mente. Eran los tiempos en que las mujeres no estudiaban esas carreras y en mi caso no fue diferente. Así que salí del hogar y busqué trabajo que afortunadamente encontré en una empresa de fabricación de alimentos para animales. Mi función era verificar la calidad tanto de la materia prima como de los alimentos preparados. Pero la vida me tenía preparada una eventualidad que no estaba en mis planes de vida: un estudiante que venía de otro país y cursaba otra carrera se cruzó en mi camino y poco tiempo después decidimos contraer matrimonio y menos de un año después tuvimos un hijo que debió acompañarme desde bebé a mis clases. Eso obviamente obligaba a programar mi tiempo y comprometió más mi salud, entraba y salía de los hospitales obligándome a interrumpir mis exámenes. Finalmente, mi esposo y yo presentamos al mismo tiempo en el primer semestre del año 1977 nuestras tesis de grado en dos carreras muy diferentes, él en derecho y yo en mi siempre amada carrera, ingeniería química. De inmediato a él le ofrecieron un cargo de Juez por ser muy destacado estudiante y porque ya había sido juez, aun sin graduarse en un pueblo cercano a su ciudad natal. Nos trasladamos a Ciudad Cortés, de la provincia de Puntarenas. Por fin tendría un descanso que necesitaba urgentemente, mi peso era el de una niña y mi hijo de 3 añitos tendría más atención de mi parte. Lo enseñé a andar en su bicicleta e intenté que jugara con los niños de la zona. Sin embargo, su interés mayor era aprender a leer y a escribir y pese a que yo no lo entusiasmaba en eso para que viviera su niñez a los 4 años ya leía y escribía y vimos la necesidad de traslado a una ciudad con mayores posibilidades de estudio. Mi esposo solicitó traslado y nos fuimos a vivir a Perez Zeledón. Pero no era suficiente para las necesidades de mi hijo y también estaba mi gran deseo de trabajar.
Pensado en las necesidades de él y mi deseo de trabajar un año después regresé a la capital. De inmediato me ofrecieron un trabajo en la Dirección de la Pequeña y Medianas Empresas en el Ministerio de Economía e Industria, como se llamaba entonces. Desde ahí y con un grupo de economistas y un curso de presentación de estudios de factibilidad, ofrecido por el Banco Costa Rica se lograron créditos para la conformación de nuevas empresas y fortalecimiento de otras ya iniciadas. Tuvimos el privilegio de conformar empresas nuevas que al día de hoy han crecido y diversificado. Una de las que más recuerdo por el entusiamo mostrado por sus fundadoras fue la pasteleria Spoom, otra igualmente famosa , aunque cerró sus puertas tuvo gran éxito fue la Pastelería Francesa ubicada en los Yoses o la Rosita, fábrica de confites, deliciosos por cierto, que había iniciado operaciones pero tenía muchos pedidos que no podía atender. Con la presentación de nuestros estudios de factibilidad y promesa de dar seguimiento técnico, algo que cumplimos con gran gusto y empeño. Otros beneficiados fueron cultivadores de camarones de Puntarenas.
Dejando todo atrás salimos del país pero vimos que no era lo que queríamos y regresamos.
A escasos 5 días del regreso recibí la llamada de la directora del Centro de Orientación Familiar proponiéndome organizar grupos de mujeres en la provincia de Limón. La finalidad era lograr establecer pequeñas empresas que fueran manejadas por ellas. Me gustó mucho esa idea y empezamos esa tarea, nada fácil por la resistencia de sus compañeros a que lograran esa independencia, sobre todo económica, contribuyendo al progreso de esa Provincia. Eran pequeñas empresas sin grandes complejidades técnicas, fábricas de helados, diferentes presentaciones de alimento a base de coco, aprovechamiento de frutos de esa Zona, proyectos simples pero que podían significar oportunidades interesantes para muchas mujeres. Me encantó hacer eso, pero debí soltar esa ocupación por el nacimiento de mi hija, 11 años tenía mi primer hijo.
Por esa gestión recibí junto con doña Estrella Zeledón de Carazo, Primera Dama entonces, el inmenso honor de ser escogidas como las Mujeres del Año. A doña Estrella se le reconocía su gran aporte al trabajo de las artesanas del país.
“Mi participación en las Junta Directiva del Colegio Federado” Me inquietaba la nula participación de las mujeres en la Junta Directiva del Colegio Federado. Así lo expuse en la siguiente Asamblea. Las primeras reacciones de los compañeros fue que les parecía muy bien la idea, pero lo vieron como figuras decorativas. Discutí fuertemente ese punto y en esa misma ocasión, en la elección correspondiente me propusieron como vocal. Me sorprendió mucho la gran cantidad de aceptación que obtuve ya que el otro candidato era gran figura dentro de las Juntas Directivas, el muy querido colega don Francisco (Pepe) Aguilar. Así me convertí en la primera mujer participante de la Junta Directiva. Para la siguiente elección se me propuso como candidata a la Vicepresidenta, saliendo electa con mucha aceptación a mi favor. La Presidencia recayó en el Licenciado en Química Pablo Zuñiga. A los tres meses después de asumido ese cargo, salió con destino, creo que a Italia, con una beca de estudio. Asumí la Presidencia en forma temporal, pensando que Pablo regresaría en cualquier momento como había prometido. No fue así y el Abogado del Colegio insistía en cada reunión que después de tres meses, según los estatutos, debía asumir yo la Presidencia en forma permanente. Así estuve 9 meses insistiendo que muy probablemente regresaría en cualquier momento. Pero no fue así. Pablo regresó para dar informe final de labores el día de la siguiente elección de Junta Directiva y dio el informe, todo a su nombre. Recibió una fuerte oposición y reclamo por esto y de inmediato me propusieron como candidata a la Presidencia. Obtuve así ese honroso cargo por el desempeño durante mi gestión, de forma unánime. Alguien que votó por mi, puso mi nombre en la papeleta porque me resistía a votar por mí misma, consideraba que eso no era tan “honorable”. Así me convertí, sin proponérmelo en la primera mujer ejerciendo el honroso cargo de Presidenta del Colegio Federado de Químicos e Ingenieros Químicos.
Pocos años después se propuso la separación del Colegio Federado para que los Ingenieros Químicos hiciéramos casa aparte. La idea tuvo mucha aceptación y se llevó a cabo esa separación, donde se me propuso aceptar la candidatura a la Presidencia y de nuevo salí electa por unanimidad.
Como parte de mis ocupaciones en las Juntas Directivas organicé y participé en múltiples actividades. Congresos propios de la profesión, talleres, actividades organizadas por Juntas Directivas de otros Colegios Profesionales. Por varios años representé el Colegio en la Federación de Colegios Profesionales y la representación del Directorio de la Asamblea de trabajadores del Banco Popular, cuya dirección que por primera vez quedó en manos de los profesionales. Recibiendo un reconocimiento especial por nuestra gestión.
Con mi familia ya conformada, mi esposo y tres hijos se requería una gran organización tanto en el tema laboral como de responsabilidad familiar. Sacando la vena heredada de mi padre, diseñé nuestra casa de tal manera que incluyera oficina de trabajo y comodidad para todos, sin dejar de incluir un buen espacio interior para un gran jardín. Esa tarea ocupó gran parte de mi tiempo y esfuerzo ya que dirigí personalmente la construcción y participé activamente en confección de muebles y otros detalles. Ya recién casada lo había hecho convirtiendo muebles de poca utilidad en camas y otras necesidades. De mi madre copie su facilidad y cariño por la costura y a fecha sigo convirtiendo prendas de una o muy poca utilización en prendas útiles.
Inicie entonces mi organización laboral como empresaria. La primera empresa la conformé fue con un ingeniero suizo. La Empresa se dedicada a la venta de filtros de gran calidad y utilidad. Estuve al frente como Presidenta por varios años. Dicha empresa se llamó “Filtración Industrial Latinoamericana”. Aparte de los filtros incluimos equipos aireadores para lagunas de tratamiento de aguas industriales y otros como criaderos de peces. Se diversificó con otros equipos requeridos en el tratamiento de aguas, incluyendo la parte de purificación. Sin embargo, quedaba sin resolver la decantación de sólidos de algunas aguas, como las provenientes de lavado de arenas, Así nació la idea de acudir a la utilización de polímeros, tecnología no conocida ni utilizada aquí. Se solicitó a una empresa fabricante europea el envío de muestras. Reacondicioné un espacio para hacer pruebas, mi laboratorio privado y nació así mi segunda empresa “Polímeros y Tecnología S.A.” “POLITEC.” La introducción de esa tecnología fue ardua ya que a pesar de demostraciones donde en forma prácticamente inmediata se producía la separación de los sólidos que se extraían tanto por decantación como flotación, algunos clientes dudaban de su eficacia ya en la planta. Finalmente se logró tener un inmenso éxito, pero ya desde mi tercera empresa debido a que mi socio suizo había escogido otro país para residir. Así nació la Empresa ZULETA ARRIETA Y CIA, S.A. Importamos de Europa y Estados Unidos y exportamos a Panamá y algunos países centroamericanos. Con la utilización de polímeros se abrió campo a otras actividades como minería, tanto aquí como en otros países como Cuba en su industria del Níquel. Finalmente nació otra empresa, “Alternativas Energéticas Siglo XXI”, con otros fines.
Hobby.
Mi hobby, igual que a mi esposo es la reforestación, actividad que empezamos tan pronto nos fuimos a vivir a la Zona Sur. Compramos una finca cuya área era cercana a 100 manzanas que había sido deforestada para sembrar arroz y empezamos la tarea. De nuestros bolsillos, sin la ayuda estatal emprendimos esa labor. Sembramos varios miles de árboles de diferentes especies, pero particularmente de cedro para reponer los que habían cortado y muchos más. Así años después esa área pasó a ser parte del Parque Nacional Corcovado, sector Piedras Blancas. Ese hobby continua aun hoy.
